El espacio público de la comunicación política, ese constante goteo de noticias y opiniones que nos abruman, encierra todos los secretos de la política como actividad social y partidaria, sobre todo de aquella política democráticamente concebida que busca encontrarse con la ciudadanía, informarla, convencerla y ganar su apoyo social y electoral. Pero no sólo existe esa comunicación así orientada, como veremos. En ese espacio se moverán estas reflexiones, que unas veces serán más literarias, otras más científicas y otras dios sabe qué. Trabajaré con datos públicos y con datos de mis archivos constantemente actualizados. Iré de una fría y personal evaluación de la situación de voto (lo haré regularmente cada vez qe salga un barómetro del CIS con intención de voto, que elaboraré con metodología propia) a una reflexión política desde la perspectiva en que me sitúo como ciudadano. Mil cuestiones cruzan el espacio público y algunas de ellas son francamente inquietantes, tanto en España como en cualquier otro lugar del mundo. Esas serán el principal objeto de mi reflexión. En España o en el estado español, como ustedes quieran, vivimos desde hace años en un estado de incertidumbre permanente. Se le ha llamado crispación. Bien, ese es el problema central: hay temas y manifestaciones públicas que parecen buscar no tanto el impacto electoral (con frecuencia son improductivos en ese sentido) como la lenta y constante desestabilización de las conciencias, al menos, y todo indica que tienen un cierto aunque limitado éxito. Trataré de analizarlo.
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01 Nov 2008

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