Un excesivo sentido ideológico de la política ha llevado al gobierno a claros retrocesos cívicos (Gallardón/Wert), a colocar a la sanidad en un disparadero que algún día pagaremos en todo su esplendor, y a gestionar la economía al modo de los manuales conservadores (no liberales), inyectando dinero para la reproducción de lo mismo y olvidando en buena parte las penalidades de la población, al tiempo que busca echar la culpa de todo a la oposición para paliar problemas electorales, que de momento son muy grandes. Tampoco da mucho ejemplo el gobierno, si nos atenemos a la pintoresca Cospedal, una autentica friki de la política con graves responsabilidades y un buen multisueldo. Los excesos ideológicos siempre se pagan, no así otros excesos: a la gente, tan pragmática y temerosa, las ideologías le asustan, y a veces también le asustan las ideas a secas. No siempre. Cuando a la gente deja de molestarle todo esto es que algo va a cambiar, y parece que con la crisis cada vez le molestan menos las ideologías, ergo…Le molestan menos e incluso se atreve improvisar una especie de mezcla entre Robespierre, el Che Guevara, Adam Smith y Curro Jiménez. Es lo que hay, y hay que darle sentido y dirección.
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