He llegado a Galicia y avanzaba hacia Pontedeume entre el humo de las Fragas do Eume ardiendo. Hace años que se planteó esta eventualidad y no creo que se haya hecho nada, es más: se llenó el rio de deshechos de As Pontes (lignitos) y otras cosas diversas. Desaparecieron los reos exquisitos que Franco iba a pescar. Hasta hoy mismo aún había algo parecido a un extraordinario espacio natural que nos devolvía directamente a la Edad Media y sus bosques y monasterios, sus ríos, sus peces, su silencio y su música. Extraordinario. Un espacio así necesita una inversión notable para conservarse. Esa inversión no es difícil de recuperar: acuden miles de visitantes todos los años. Parte de las fragas son privadas. Solo un esfuerzo autóctono podría salvarlas y restaurarlas. No es fácil. Es una señal próxima y táctil del fin de los tiempos. Falta el profeta: aparecerá de un día para otro, finalmente es un puesto de trabajo.
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