Siempre hay una buena noticia en medio de la selva siniestra de las noticias mediáticas. Hoy elijo esta, a la que voy a llamar el viejo y el mar. Es un buen comienzo para el día, aunque hoy en Madrid va todo de gris y agua, pero hacía falta. Que haga falta no quiere decir que sea hermoso. En Madrid la lluvia es un horror que lo llena todo de atascos, barro urbano, claxons, malhumor. Pero la ciudad se lava de su infernal casco permanente de polución y durante unas horas o días se respira a gusto. Pronto será alcaldesa Ana Botella, la de las peras, las manzanas y todo eso. Madrid fue una ciudad heroica que aún no se ha hecho un homenaje a sí misma. Tuvo coraje y también buenos y malos modos, una ciudad que hizo temblar las estrategias (pésimas, por cierto, como hoy reconocen otros militares) de Franco y que afrontó con éxito a un ejército profesional africano muy bien armado y entrenado. Era tan mala la estrategia del general Franco (ver: La incompetencia militar de Franco, del coronel Blanco Escolá, en Alianza, 2000) que si aquellas fuerzas populares casi espontáneas hubieran tenido medios bélicos suficientes la guerra hubiera durado quince días, pero los desvelos del general Rojo (Don Vicente) tropezaban con esas carencias. Medito en esto mientras miro hacia la Casa de Campo desde mi despacho, y también hacia el Palacio de la Moncloa, y El Pardo con sus grandes bosques, Húmera en la distancia, y todo lo que se domina desde la Ciudad Universitaria, no solo desde mi mirador particular. También se adivina La Zarzuela, en la ruta de El Pardo, Y todo esto, en tan pocos kilómetros a la redonda, forma un espacio político de gran simbolismo, cerrado más adelante por El Escorial y por El Valle de los Caídos. Después, las extensiones serranas en las que la generación del 98 y los institucionistas se olvidaban del país en el que habían nacido y jugaban con los paisajes y las fuentes, en un excursionismo científico y político que aprendí leyendo las cosas de mi mujer, Carmen, en su libro Pintura de paisaje e ideología. La generación del 98. Es propaganda familiar, pero ustedes me disculpan, porque vale la pena el tema y el libro. También viví por temporadas en la sierra del Guadarrama y en la de Gredos, los montes que cercan Madrid y que ahora lo separan, más que lo acercan, al mundo y al resto del Reino de España. Madrid ha cambiado en todas sus cosas medibles y constatables. Ya escribí aquí sobre eso. Pero sigue teniendo ese círculo helado y verde rodeándolo. Siempre lo agradecí. Perderse árboles adentro por el Monte del Pardo es algo muy de domingo y muy especial, pues es como irse a los más profundos bosques a diez minutos de Madrid. De allí me traje muérdago algunas Navidades, cuando llevaba a mi hijo siendo él un chavalín al que yo camelaba con historias de ese monte, con monstruos y bandidos. El peor, un tal Loureiro, que nos esperaba en todas las revueltas de los casi inexistentes caminos. Pero no era para esto para lo que yo los convocaba, sino para la política. Ayer sabíamos (pulsar en la tabla de abajo para ampliar la imagen) que la Monarquía registra el primer suspenso en el barómetro del CIS (tiene una nota de 4,89), precedida en la jerarquía institucional por los medios de comunicación (4,97) y las Fuerzas armadas (5,65). Fíjense, sin embargo, que la Monarquía (dt: 3,21) y la Iglesia (dt: 3,18) tienen una desviación típica (distancia de cada puntuación individual a la media de todas las puntaciones, expresada esa desviación típica total también como media de esas desviaciones individuales) muy alta, la más alta de la tabla. Eso quiere decir que son instituciones con un alto grado de polarización social a su alrededor y que en los extremos, muy fuertes, se les pone 10 ó 0, u otras puntuaciones muy polarizadas, y eso explica estas cosas. En el caso de la Monarquía, en cuanto salga el archivo estadístico del CIS miraré a ver quiénes son los que votan esto o aquello. O trataré de mirarlo en los datos provisionales de cruces del propio CIS. La autoubicación es de 4,81, diez centésimas menos (es mucho) que el mes anterior, y esto debe expresar, necesariamente, alguna recuperación del voto del PSOE, recuperación que mueve las medias de autoubicación algo más a la izquierda. Mañana, en Público, publico un artículo con el título de Del 15-M al 20-N me negarás tres veces, una llamada a abstencionistas y al 15-M para que acudan a votar. No soy optimista al respecto. Creo que deberían verse a si mismos como nos vemos los demás: como imperfectos y factibles de error. A veces van sobrados en sus críticas a los demás y les falta un punto de autocrítica, y eso no es bueno. Todos, no solo los partidos, necesitamos su voto, porque sin el voto, en una sociedad democrática, no hay nada que hacer. Yo no milito en ningún partido, pero el espectáculo de Cayo Lara o de los diputados catalanes zarandeados por gente a la que se supone crítica y demócrata es algo que no debe repetirse bajo ningún concepto. Y cada cual que asuma sus errores, que la izquierda histórica, a la que pertenecí cuando solo recibíamos palos y tiros, ya ha asumido hace tiempo sus abundantes y graves pecados. En las urnas nos vemos. Esta mañana veo que me hacen el honor de hablar de ese artículo mío citado en Libertad Digital, imputándome un sovietismo (que extienden a Público) que hará mucha gracia a mis viejos conpañeros del lejano antifranquismo, pues los estudiantes de la FUDE (FUDG en mi caso) estábamos más bien bajo mitología maoista, en absoluto soviética. Cosas de hablar por hablar e inventar por inventar, deporte habitual de nuestra derecha, extrema o no. Se agradece en todo caso la preocupación por mi alma, perdida para siempre en el piélago democrático. Pulsar:

Del 15-M al 20-N me negarás tres veces
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